El pasado 1 de febrero mi hijo se acerco a mi esposa y a mi y nos dijo que sentía flojo su diente, nos asomamos a su boca y vimos que efectivamente habia un diente flojo (el primer diente flojo) y que justo detrás de él estaba otro incipiente diente. Dejamos correr una semana y como no se aflojaba y el diente trasero cada vez era mayor, acudimos al dentista y nos dijo que todo iba bien y que si no se caia en cuatro dias pues se lo sacaba.
Durante estos casi 10 día mi hijo tuvo varias problemas en la escuela; lo reportaron por contestarle mal a las misses (lo amenazaron con reportarlo y el dijo: "A ver, repórteme"), le dio un puñetazo en la cara a otro niño porque lo empujo dos veces en el salón, en fin, minucias; la verdad es que estaba insoportable en casa y creemos que el diente lo tenía muy mal. Imagino que estaba muy estresado porque nunca se le habia caido un diente y además fue el último niño en su salón que los comenzo a perder.
Finalmente el dentista le saco un par de dientes (el flojo y otro no flojo pero que en cualquier momento se iba a aflojar) y de repente allí estaba otra vez, el niño alegre y tierno que siempre ha sido.
Llego la noche y el momento en que dejo los dientes debajo de su almohada (me gusta la palabra almohada, es como una invitación a relajarse) dentro de un estuche que el dentista le regalo. Se durmio y durante la noche el ratón le canjeo los dientes por 2 X $50.00 (nada mal) y el ratón se iba cuando vio algo a un costado de los dientes, era una carta que decía (palabras más, palabras menos): "Querido ratón, te dejo mis dientes, quiero que se me terminen de caer todos, ¿por qué no se me caían? Quiero explicaciones."
Asi o más claro...por cierto, Ratón: yo tambien quiero explicaciones.
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Hace 6 años.